Mil historias
Al contemplar el atardecer, centro mi mirada en el Sol: escondido tras un par de nubes.
Como físico no puedo evitar alejarme por un momento y salir de mi cuerpo hasta ver de lejos nuestro planeta, cómo danza alrededor de nuestra estrella tan lejos…
Qué pequeños somos…-pienso.
Tras volver en mí, aun mareado por el viaje y aturdido por la belleza del ocaso, miro a mi alrededor.
Estoy rodeado de una multitud que, como yo, se maravilla ante el espectáculo de luces y colores que nos brinda la naturaleza.
Me detengo un instante a observar un poco más a fondo y allí veo a una pareja, besándose bajo un rayo de luz anaranjada que les azota, riendo felices.
Al otro lado una familia trata de hacerse una foto, entre risas y algún que otro suspiro se pelean tratando de no salir con los ojos cerrados. Todos quieren capturar ese recuerdo.
Como ellos quizás otros cientos de personas me acompañan, todos viviendo el mismo momento.
Pero me equivocaba…
No estamos viviendo lo mismo. Cada uno nos encontramos viviendo una experiencia muy distinta.
Y es que cada una de esas personas tiene una vida, una serie de situaciones, circunstancias, amigos, familia, amor, desamor, educación, hogar, recuerdos…
Y todo ello les ha traído hasta aquí. A ver este atardecer a mi lado.
Lo más probable es que todos seamos un simple grupo de desconocidos. Una unión entre millones de puntos que se cruzan al mismo tiempo, en el mismo lugar… Una mera casualidad.
Algunos recordarán este momento para siempre, guardarán en él un significado. Otros lo olvidarán en poco tiempo. Al final, el sol sale todos los días. Pero yo lo recordaré, y a todos ellos también, aunque nunca llegue a saber sus nombres.
Al volver a casa cuando me di cuenta de que este es solo un ejemplo de lo que vivimos día tras día. Una eterna consecución de casualidades entre la que nos cruzamos con miles de personas, cada una con una experiencia totalmente distinta. Como inmensos bancos de peces que se cruzan sin siquiera tocarse… hasta que chocamos.
Y es que mi madre siempre me dice que me complico mucho, que no le de tantas vueltas, que la vida es más sencilla. Pero cómo va a ser sencillo algo tan complejo como la vida. Y sobre todo cuando estoy rodeado de tantas personas cada una de ellas con una experiencia única.
Pero no penséis que es nada malo, al contrario. Esto es pues un mundo entero por descubrir tras la mirilla en cada cruce de miradas, en cada nueva conversación, en cada vagón de metro, en cada casualidad…
Todo el mundo tiene una historia y yo, muero por descubrirla.