Rafael Carmona Vendoiro

Astrofísica, verso y emoción

Me llamo Rafael, aunque para casi todos soy simplemente Rafa. Soy graduado en Física por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente resido en Dinamarca, donde curso el Máster en Astrofísica en el Instituto Niels Bohr de la Universidad de Copenhague. Mi investigación gira en torno al estudio de exoplanetas y su habitabilidad, guiada en el fondo por una pregunta muy simple: ¿estamos solos? Quizá, más que una inquietud estrictamente científica, busque respuestas a algo más primario, un miedo infantil a la soledad… pero eso ya lo iremos explorando con calma.

La literatura, sin embargo, corre por un carril enteramente independiente. No nace como un apéndice de mi trabajo académico ni como una simple afición, sino como un medio para lanzar (y a veces responder) mis propias preguntas. Ambas disciplinas avanzan en paralelo porque nacen del mismo asombro: el deleite ante la naturaleza del universo dialoga de forma íntima con el misterio de la emoción humana. Si la astrofísica me exige rigor para descifrar la luz de mundos lejanos, la escritura me recuerda que es peligroso asomarse al interior y que, solo asumiendo ese vértigo, es posible nombrar con verdad lo que sentimos. Al fin y al cabo, quien mide el brillo de una estrella que se apaga difícilmente puede permanecer indiferente ante la fragilidad de lo que nos conmueve. En Madrid cofundé una asociación cultural estudiantil y en Copenhague continúo transitando esos dos caminos: la búsqueda del dato y la sensibilidad de la palabra.

Fuera del entorno académico, el movimiento forma parte de mi respiración diaria. Fui nadador de competición durante años y el agua me sigue acompañando como una forma de ordenar pensamientos y templar las emociones. En tierra firme, la cocina es mi otro gran refugio: un espacio pausado y sensorial que me ancla al presente, donde bajar revoluciones y alimentar el corazón a fuego lento. Además, profeso una fe inquebrantable en los pequeños rituales: rara vez se me verá sin una buena taza de café humeante en la mano (siempre acompañado de algún dulce) y ando constantemente a la caza de rincones y cafeterías tranquilas en cualquier ciudad que pise.

Constelaciones nace como ese rincón al margen del ruido: un refugio seguro y honesto donde el tiempo se dilata y las palabras encuentran su propio compás sobre el papel. Concibo este cuaderno como un espacio libre de expectativas y juicios; un lugar hospitalario donde permitirse explorar el ser, habitar las dudas con calma y nombrar lo que somos sin la urgencia de tener que demostrar nada.

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