Ojalá vivir un apagón
Ojalá vivir un apagón. Y no hablo de que se vaya la luz, me refiero a que se apague esa inseguridad; que deje de sonar esa vocecilla en mi cabeza que me dice que aquel chico de enfrente me está mirando y que piensa que no sé vestir, que tengo una mancha en la sudadera, que tengo el pelo sucio o que se me ha olvidado atarme los cordones. Esa voz que me dice que la chica que se sienta detrás de mí en clase ha visto mis apuntes y piensa que son horribles, que se pregunta qué hago en esta carrera si no valgo para esto y que se ríe en silencio cada vez que levanto la mano y me equivoco. Esa misma voz que se pregunta si esa amiga en realidad me odia pero no se atreve a decirlo, si cada vez que hablo está deseando que me calle y sólo se junta conmigo porque le doy pena. Esa insoportable voz que me dice que nada más darme la vuelta todos hablan de mi y se ríen de aquello que dije mal, de esa broma que no entendí, de aquel momento en el que me quedé distraído o de lo iluso que soy pensando que de verdad son mis amigos.
Quiero que se apaguen los juicios y dejar de sentir que todo el mundo me está mirando. Quedarme a oscuras entre la gente y dejar de sentir esa insoportable presión de las miradas. Parar de perseguirme a mi mismo hasta el último rincón buscando el más mínimo error para avergonzarme por ello. Poder ser yo mismo y dejar de acosarme con preguntas como qué vas a hacer ahora, qué van a pensar de ti, si estás preparado para lo que sea que pueda pasar o si lo estás haciendo mal.
Y sobretodo… que me deje ser en paz.